
Pasando por la vieja casa de ventanas rotas, la luna casi no alumbraba y los gatos maullaban cada vez más fuerte, el frío me helaba los huesos y el tiritar de mis dientes iban al ritmo del sonido de las hojas de los árboles. Derrepente y como si yo te hubiera llamado a gritos, apareciste delante mio y tu boca dibujó una sonrisa, una sonrisa color rosa que de inmediato hizo que la luna alumbrara más tus ojos y que mi cuerpo dejara de temblar de frío. La hojas se movían en cámara lenta, el viento era suave y parecía cantar mientras yo me perdía en tu mirada, en tus fascinantes ojos y en tus locos besos, pero en un momento eterno separaste tus labios de los mios y me miraste fijamente acariciando mi mejilla derecha y así como llegaste, te fuiste, tu cuerpo se mezcló con la tierra que se alzaba del suelo y lléndote con el viento y la luz de la luna me dejaste tu olor en todo el cuerpo y como si nada moriste en la distancia y yo..........yo seguí caminando con el mismo vacío que me dejas cuando te vas, seguí caminando y esperé que volvieras a aparecer como cuando te fuiste para no morir más.
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