Loco de rabia y despecho
resolví en cierta ocasión,
abrir a mi amada el pecho
y arrancarle el corazón!
"Así sabré, dije, fiero,
si el corazón de la ingrata
que sin piedad me maltrata
es de piedra o es de acero!"
La aceché luego sin calma,
y con un largo puñal
rasgué el seno virginal
de aquella mujer sin alma!
y cuando a mis pies la vi,
un grito horrible lancé
y mis manos sepulté
en la herida que le abrí
Busqué luego, temerario,
dentro de su pecho impio...
¡y su pecho estaba frío
como el fondo de un osario!
Busqué... busqué con tesón,
y no hallé lo que buscaba...
¡La mujer que tanto amaba
no tenía corazón!
Federico Barreto.
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