Era una tarde de lluvia, la France, yo andaba de lo más tranquila en un café, me había ido a olvidarme de tontos recuerdos y a tener unas vacaciones conmigo misma, porque es lo que siempre me gustó hacer, estar sola, sentarme en un café, prender mis puchos y tener esa ligera sensación de ser observada. Esa tarde se me acercó el viejo francés Leopold, “bon jour, mon amie”………confundida lo vi y le respondí con voz dudosa “bon jour?”; de repente se me acercó y con un efusivo sacudón de manos me dijo “hola interprete”, de inmediato lo recordé, alguna vez trabajé para él en un interpretación cuando estuvo en Perú. Leopold era un hombre mayor, de buen carácter y voz gritona, era ese tipo de viejos que le gusta enamorar jovencitas todo el tiempo, pero a mi me causaba tanta risa cuando intentaba seducirme en español que hasta me caía bien, entendía muy bien el español, pero no lo hablaba muy bien. El viejo francés se quedó conmigo un buen rato conversando de sus proyectos y su vida personal, claro a mi que carajo pero bueno no tenía más compañía que mis puchos en ese momento así que dejé que hablara y hablara hasta le cansancio. Pasaron tres horas y el grandilocuente señor seguía hablando, me tuve que excusar, “excuse moi monsieur”, le dije “je dois aller au toilet”………… “ca va” me respondió con una pequeña sonrisa. “Puta madre, ya me quiero ir”, dije en español mientras me mojaba el rostro con el agua fría del lavamanos, salí y me volví a sentar pensando en alguna excusa para salir de ese lugar, aunque era placentero hablar con él yo no soy una persona que pueda quedarse mucho tiempo en un solo lugar, soy hiperactiva, me muevo mucho, no lo puedo evitar. Al parecer Leopold notó mi incomodidad y me dijo en francés acercándose a mi, “necesito de tus servicios”, alcé la ceja izquierda y con cara extrañada lo miré, “necesito que me ayudes con una interpretación”, solté un suspiro como de alivio y le contesté que estaría dispuesta a hacerlo incluso cuando estaba en plenas vacaciones. Me contó la historia de pies a cabeza, resulta que se había enamorado de una prostituta, se la trajo de Sudamérica me dijo, pero que hasta el día de hoy no había podido llegar a mayores cosas con ella, “no me la puedo tirar……no, no, no le puedo hacer el amor” me replicó, yo solté una carcajada, “¿porqué?” pregunté, “si no es mucha indiscreción”…………… “elle ne me comprend pas……………mmmmm no me entiende, cero francés, cero inglés, sólo español”, en resumen al viejo se había enamorado de la tal mujer esa, pero no se la quería levantar así nomás, la quería seducir, le quería decir cosas “bonitas”, pero al parecer la mujer no entendía un carajo. La situación, debo admitirlo, me pareció interesante, me dijo todo lo que tendría que hacer, por supuesto que iba a ver la “escena de amor” completa y al parecer al viejo no le molestaba, no le molestaba para nada y la verdad que a mi tampoco, siempre quise ver a una pareja hacerlo mientras yo veía atenta, siempre quise que fueran dos mujeres, pero bueno a estas alturas del partido ya no me interesaba el género, dos mujeres, dos hombres, un hombre y una mujer, que más da. Acepté la propuesta del francés y le alcancé mi tarjeta personal, atrás le puse la dirección del hotel en donde me estaba hospedando y él se ofreció en recogerme al día siguiente a las 10pm en punto, yo accedí……. “chau señorita, a demain”………. “au revoir monsieur” dije en voz baja. Esa noche llegué al hotel y llené la tina del baño, me sumergí en ella por casi 1 hora sin darme cuenta, me senté y prendí uno de los cigarros que recién me había comprado, salí del agua y me envolví en la toalla negra que estaba recién lavada, dejé el cigarro de lado y me vestí, con los cabellos despeinados y mojados me metí a la cama y pensé en la prostituta del francés, la imaginé de todas las formas, “sudamericana” dije entre dientes, falta que la conozca pensé….. “no, creo………no conozco a ninguna prostituta, bueno ya está mañana lo descubriré” y así me quedé dormida. Me desperté a las 8am, me duché y salí a pasear a lo lejos vi al francés abrazando a una mujer esbelta de cabellos negros, me escondí detrás de una de las paredes de la ciudad, no tenía ánimos de verlo sino hasta el momento acordado, así que me di media vuelta y me fui por otro lado, regresé al hotel casi de noche y mi cuerpo se desplomó sobre la cama. “Madame?”………mis ojos se abrieron de repente “Vous etes- ici?” ………. “¡La puuuuuuuuuuta madre, me quedé dormida!...........oui, oui, un moment s’il vous plait” ……habían llegado a recogerme para la interpretación más extraña que jamás hice ¡¡¡¡y me quedé dormida!!!!! me puse lo primero que encontré, total poco le iba a importar al viejo verme vestida como fuera, esta noche “le hacía el amor a la prostituta” y no creo que le interesara nada más. Abrí la puerta y me estaba esperando un hombre vestido de negro con lentes oscuros y labios rosados, me pidió que por favor lo siguiera y me dirigió hasta una enorme limosina de lunas blindadas, no dijo una sola palabra en todo el camino, yo tampoco, aún estaba entre dormida y despierta y la verdad que no tan lista para mi novedosa interpretación. Llegué a la casa del viejo, quien ya me estaba esperando con una copa de vino tinto entre sus dedos, “L’intreprète c’est- ici” dijo emocionado “que bien, que bien” añadió, yo sólo atiné a sonreír y a decir “bonne nuit, monsieur”……….sin perder más tiempo Leopold me dio las instrucciones del caso, él y yo llevaríamos un micrófono inalámbrico así él podría escucharme y yo a él, me sentaría en una silla roja que estaba ubicada en una esquina oscura y desde ahí podría ver la escena completa, tener la mejor vista……….me preguntó si estaba de acuerdo con todo y le dije que por supuesto, “hoy quiero amarla” me dijo en español, “tú me ayudarás a decir las palabras correctas”………… “por supuesto” respondí………..con todo lo que me está pagando interpretaba en japonés si quería.Me ubiqué en mi silla roja, estaba completamente tapada por las sombras, no había forma que la susodicha mujer que el viejo quería enamorar me notara, pero al parecer y tal como me había dicho el francés ella estaba enterada de toda la situación, lo cual me hizo sentir más cómoda, no sería una simple voyeur. Desde la silla podía ver todo, la cama, las rosas, el inmenso televisor que tenía empotrado en la pared, los cuadros abstractos, el equipo de sonido, el mini bar de la habitación, veía todo detenidamente y me mataba la curiosidad por ver a la mujer para la que iba a interpretar. De la nada monsieur Leopold entró a la habitación besándole la mano a una mujer, ella con la mirada alzada sonreía de costado, y yo…………yo no podía creerlo, me sostuve lo más fuerte que pude de los descansos de la silla y casi clavando las uñas en ellos me tiré para atrás, olvidando que sería inútil tratar de esconderme pues definitivamente ella no iba a poder verme, la oscuridad de la noche me camuflaba muy bien. Mi corazón latía a mil por hora, las gotas de sudor comenzaron a bajar por mi frente, se me hizo un nudo en la garganta, mientras el viejo se paraba delante de ella y besaba su frente, la prostituta se sentó en la cama desde donde yo podía ver sus inmensos ojos, con una sonrisa pícara desabrochó el pantalón del francés y los dos quedaron echados sobre la cama. Él comenzó a hablar “Je t’aime, je t’aime” y yo olvidando mi papel no dije ni una palabra, “lo sé” respondió ella, parece que era lo único que entendía…………el viejo me dijo por el micrófono que llevaba colgado desde su oreja, “¿empezamos?”…………”oui, oui” dije con voz temblorosa. Leopold lo estaba haciendo mal, muy mal, aparte de decir estupideces y moverse mal no hacía nada más, quise levantarme y apartarla de sus brazos, sacarla de esa cama, llevarla conmigo pero aún estaba en estado de shock y empecé a decir cosas, cosas que el viejo repetía, él era yo, yo era la que le estaba haciendo el amor a la supuesta prostituta, prostituta que nunca conocí como tal, yo guié al maldito francés, le dije que hacer y que no, lo dirigí hasta el final, que la besara así que no fuera tan rápido, que jugara con su ombligo………..que la puta madre la dejara de una vez, porque lo iba a matar y junto con él la mataba a ella………….traté de tranquilizarme, y seguí el juego, el viejo no duró mucho, y cuando terminó de hacer lo que tenía que hacer la dejó de un lado y quedó dormido. Ella se sentó sobre la cama y se cubrió el pecho con las sábanas blancas, miró fijamente a mi rincón, mi corazón latía a mil, mis ojos se llenaron de ira y tristeza, se paró y se vistió, se volvió a sentar y peinó su negros cabellos, se volvió a parar lentamente y rebuscando en su cartera de mano sacó una tarjeta, se acercó mirando a la nada de mi negra esquina donde yo seguía sentada, respirando fuertemente y con temor, se detuvo y con la mayor delicadeza del mundo dejo sobre el piso la tarjeta que había sacado. Yo no pude siquiera inmutarme, mis músculos congelados, mis ojos abiertos, mi boca temblando, ella se dio medio vuelta y se fue caminando, yo corrí a ver la tarjeta que había dejado en el piso y al leer lo que decía mis palpitaciones se agudizaron “Claudia Jordán P.- Traductora e interprete” y detrás estaba la dirección del hotel en donde me estuve hospedando. Siempre lo supo, sabía perfectamente que iba a estar ahí, sabía que yo le había hecho el amor y no el viejo francés, ella lo sabía, siempre lo supo, pero no le interesó, ni una palabra, ni nada, sólo una ridícula tarjeta como diciéndome, “sé que estás acá”. Salí corriendo de la habitación detrás de ella, y la vi abrir su paraguas negro a lo lejos, quise gritar su nombre, pedirle que se detenga, pero la dejé ir, la vi perderse entre la niebla y la dejé ir, siempre la dejo ir.
lunes, 7 de abril de 2008
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